¿QUÉ ES LA DEPRESIÓN?
La depresión es un trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo. Se caracteriza principalmente por la presencia de ánimo triste, irritabilidad o sentimiento de vacío, que se presenta junto con cambios que afectan a la funcionalidad del individuo. Estos cambios pueden ser somáticos, como alteraciones del sueño o dolores físicos, o cognitivos, como dificultad para concentrarse o problemas de memoria. Además del trastorno depresivo mayor, son numerosos los trastornos depresivos que existen: trastorno depresivo persistente (distimia), trastorno disfórico premenstrual, trastorno depresivo inducido por una sustancia o medicamento, el trastorno depresivo debido a otra afección médica, otro trastorno depresivo especificado y otro trastorno depresivo no especificado.
El trastorno depresivo mayor se compone de episodios determinados de dos semanas de duración. Aunque en la mayoría de los casos se da de manera reiterada, para su diagnóstico, puede ser suficiente un único episodio. Cuando la alteración del estado de ánimo dura más de 2 años en adultos, o uno en el caso de los niños, se diagnostica trastorno depresivo persistente.
Por otra parte, la irritabilidad crónica, grave y de forma persistente es el rasgo principal del trastorno de regulación disruptiva. Se manifiesta de manera clínica por (1) accesos de cólera frecuentes a modo de respuesta a la frustración y pueden ser verbales o conductuales y por (2) ánimo irritable o enfado entre los episodios de cólera.
SÍNTOMAS DE LA DEPRESIÓN
A continuación se presentan los diferentes síntomas que tienen los diferentes trastornos del estado del ánimo que existen:
En el trastorno depresivo mayor los síntomas están presentes durante dos semanas y suponen que haya un cambio en el funcionamiento de la persona. Entre ellos encontramos un estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, una disminución del interés y del placer por la realización de actividades diarias así como fatiga o pérdida de energía durante el día, pérdida de peso sin realización de dieta o incremento del mismo, así como pérdida o aumento del apetito. Respecto al sueño también encontramos insomnio o hipersomnia. Además, suele darse agitación o retraso psicomotor que es perceptible por los demás. Existen también sentimientos de inutilidad y gran culpabilidad, así como pensamientos de muerte recurrentes. Finalmente, hay también una gran disminución de la capacidad de pensamiento y de concentración.
En el trastorno depresivo persistente (distimia), Encontramos un estado de ánimo deprimido durante casi todo el día, presente más días de los que está ausente durante al menos 2 años. La persona puede mostrar un gran aumento o una gran disminución del apetito, insomnio o hipersomnia, fatiga, baja autoestima, falta de concentración y dificultad para tomar decisiones y grandes sentimientos de desesperanza y agotamiento.
El trastorno disfórico premenstrual se caracteriza por labilidad afectiva, intensa irritabilidad, aumento de los conflictos o enfado. El estado de ánimo es deprimido con sentimientos de desesperanza y desprecio por la propia persona y ansiedad. También se da una disminución del interés por las actividades diarias, falta de energía y dificultad para concentrarse. En la alimentación suele darse el deseo de alimentos específicos y una sobrealimentación. Presentan también problemas de hipersomnia o insomnio. También se dan síntomas físicos como dolor en las mamas, en las articulaciones y en los músculos, así como un aumento de peso y sensación de hinchazón.
En el trastorno depresivo inducido por una sustancia o medicamento existe una alteración del estado de ánimo caracterizada por ánimo deprimido disminución de interés y disminución de placer. Este trastorno se diagnostica cuando los síntomas se desarrollan durante o después de la intoxicación o la abstinencia de una sustancia o medicamento.
En el trastorno depresivo debido a otra afección médica se da un periodo persistente de estado de ánimo deprimido y una disminución notable del interés y del placer. También existen evidencias en la historia clínica de que el trastorno se da como consecuencia de otra afección médica.
Respecto a otros trastornos depresivos no especificados los síntomas que predominan son los característicos de un trastorno depresivo los cuales causan un malestar significativo y un deterioro en distintas áreas. Sin embargo, no se cumplen con todos los criterios de la categoría diagnóstica de trastornos depresivos. Pueden ser: con ansiedad, con características mixtas, con características melancólicas, con características atípicas, con características psicóticas, con catatonia, con inicio en el periparto o con patrón estacional.
TRATAMIENTO DE LA DEPRESIÓN
Para abordar la depresión, las terapias con orientación cognitivo-conductual de segunda generación han demostrado su eficacia, especialmente si se sigue el modelo de Beck.
En primer lugar, es de gran importancia que la persona entienda la relación entre lo que piensa, lo que siente y la conducta que lleva a cabo. Para ello existe la teoría de la ABC (A: Antecedentes; B: creencias; C: Consecuencias), basada en la terapia racional-emotiva, en la que se hace ver a la persona que las consecuencias (C) no son las situaciones (A) sino la creencia y la manera de interpretar las mismas (B). Desde este modelo se explica que no se reacciona automáticamente a los estímulos del entorno, sino que se procesa la información a través de filtros cognitivos propios que vienen determinados por experiencias vividas previamente, expectativas, forma en la que percibimos la realidad, etc. En ocasiones estos filtros se encuentran distorsionados, a lo que se denomina “distorsiones cognitivas”, dando lugar a pensamientos automáticos negativos los cuales influyen en la conducta y en la emoción. Estas distorsiones cognitivas provocan que ciertas situaciones puedan ser interpretadas de manera que generen tristeza, ansiedad, depresión… este modelo pone como núcleo del problema en la depresión, las estructuras cognitivas que llevan a la persona a interpretar el contexto y las situaciones de forma errónea. Gracias al modelo ABC la persona puede comprender que lo que determina sus emociones no son los hechos objetivos sino las creencias propias que median entre la respuesta y el hecho, lo que lleva al paciente a cuestionar la validez de sus pensamientos. Al replantearse dichos pensamientos se puede llevar a cabo una reestructuración cognitiva que trata de sustituir las creencias irracionales por interpretaciones realistas y adaptativas de modo que el paciente aprende qué modificar su manera de pensar puede llevar a una disminución del malestar. Esta técnica además enseña a detectar de forma individual los patrones negativos de pensamiento evitando recaer en síntomas depresivos. Para el análisis de las distorsiones existen técnicas específicas que cuestionan la veracidad de los pensamientos Con el fin de reestructurar y ajustar dichas distorsiones. Encontramos entre ellas la técnica de las cuatro preguntas de Beck, que buscan que el paciente cuestione sus propias creencias y deje de ver sus pensamientos como incuestionables a través de las siguientes preguntas:
También existen intervenciones dirigidas a la activación conductual, cómo el programa de actividades agradables, que busca evitar la inactividad y aumentar el placer personal. Para ello, la persona tiene que llevar a cabo la identificación de áreas importantes de su vida y actividades que pueda realizar. Tras ello, se le pide que elija un número de actividades y que se comprometa a realizarlas a lo largo de la semana, anotando su estado de ánimo antes y después de su realización, aumentando el número de actividades gradualmente.
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