Parejas

 Terapia de pareja

¿CÓMO SABER SI MI RELACIÓN DE PAREJA ES SANA Y EQUILIBRADA?

Resulta complicado generalizar qué cosas determinan si una relación es sana y equilibrada ya que todas las parejas se ven influidas por distintos factores como: el contexto sociocultural, la personalidad de ambos, las dificultades personales… Es importante recalcar que en todas las parejas aparecerán dificultades y suele ser en las que tienen características menos afines cuando se tienen mayores problemas para ajustarse. Generalmente, la base del conflicto está en la falta de recursos para afrontar las situaciones y serán la falta de comunicación eficaz y la capacidad de negociación las que mantendrán el problema.

Las relaciones sanas suelen definirse por el “triángulo del amor”. Esta figura indica que los componentes del amor son: el compromiso, la intimidad y la pasión, las cuales son interdependientes entre sí. El compromiso se refiere a la responsabilidad que se siente por la pareja y la decisión de mantenerla estable. La intimidad abarca el apoyo que tienen los dos miembros entre sí a nivel afectivo, comunicacional, de seguridad y de confianza. Finalmente, la pasión, la cual puede dividirse en pasión erótica y pasión romántica se refiere, por un lado, a conductas de atracción e interés que se provoca en el otro y por el otro, a los sentimientos de unión y amor. Estos componentes dan lugar a distintos tipos de amor según qué elementos de los 3 se encuentran más presentes, siendo en el “amor completo” en el que se presentan los tres componentes, aunque cabe destacar que los elementos pueden variar con el tiempo.

¿CUÁLES SON LOS PROBLEMAS MÁS HABITUALES EN UNA PAREJA?

Dentro de las parejas se pueden dar problemas muy distintos. Los más comunes son los que generalmente se conocen como “crisis”. Las crisis suelen ser un cambio profundo que tienen consecuencias importantes en la relación, pudiendo ser crisis evolutivas o crisis inesperadas.

Las crisis evolutivas o normativas son cambios previsibles que normalmente se presentan en la gran mayoría de parejas ya que ante cualquier cambio se necesita un periodo de adaptación. Cuando ocurren estos cambios puede darse un momento de desajuste debido a que se tienen que asumir nuevos roles, como ocurre por ejemplo cuando uno de los miembros de la pareja se jubila y tiene que adaptarse a esa nueva situación. Las crisis inesperadas son hechos que no se relacionan con el ciclo vital como puede ser, el divorcio, dificultades económicas, enfermedad…

Los problemas que presentan las parejas pueden ser muy distintos. Encontramos entre ellos, disfunciones sexuales y dificultades en la intimidad que suponen falta de deseo, problemas de excitación, eyaculación precoz, disfunción eréctil, etc. Esto tiene un gran impacto en la vida sexual de la pareja ya que se convierte en una fuente de tensión, provoca una disminución en la intimidad y hace que aparezcan sentimientos de rechazo culpa o frustración. A veces el problema íntimo puede darse como consecuencia de una crisis y otras veces puede ser la causa de la crisis. Dentro de la intimidad también podemos encontrar problemas de infertilidad o esterilidad, que imposibilitan concebir hijos de manera natural dentro de la pareja. En ocasiones estos problemas generan estrés, frustración y sentimientos de fracaso, pudiendo incluso generarse discrepancias en la pareja de si seguir o no intentando concebir. Esto puede poner en juego las expectativas sobre el futuro familiar y la identidad de la pareja.

Encontramos también problemas de celos e infidelidades. Los celos puede que aparezcan por inseguridades, miedo a perder a la pareja o a experiencias pasadas, mientras que la infidelidad supone una ruptura en la exclusividad ya sea emocional y/o sexual. Esto genera actitudes de desconfianza, control, discusiones, baja autoestima en la persona que se siente traicionada y culpa en quien cometió la infidelidad. A nivel social, en ocasiones, se entienden los celos como pruebas de amor, sin embargo, estos son un claro factor de riesgo para relaciones tóxicas. Por otro lado la infidelidad pone en juego la capacidad de perdón de la pareja, la reconstrucción de la confianza y el tener que definir de nuevo la relación.

También pueden darse problemas de violencia, como control, humillaciones, desprecios y en casos graves, violencia física o sexual. Esto genera en la persona maltratada miedo, sumisión y dependencia, así como un deterioro del vínculo relacional. En ocasiones ocurre que la pareja normaliza estas situaciones y no lo reconocen como un problema sino como algo que se da puntualmente, pero realmente nos encontramos ante un patrón tóxico que requiere intervención inmediata en la que habría que diferenciar el trabajo con la víctima y con el agresor.

Son frecuentes problemas de consumo de sustancias por parte de 1 o ambos miembros de la pareja. Esto genera discusiones, pérdida de confianza, ocultamiento del problema, y aparece la codependencia donde la pareja adquiere un rol de cuidador para compensar al adicto. Este tipo de problemas afectan al sistema familiar al completo ya que la relación acaba girando en torno al consumo, generando un gran desgaste emocional. En estos casos habría que trabajar la adicción y los roles disfuncionales que se han adquirido en la pareja.

Otros problemas se relacionan con enfermedades o muertes en la pareja. Esto genera grandes cambios de roles en la pareja ya que uno de ellos pasa a ser cuidador generando sobrecarga emocional, frustración e incluso pérdida de proyectos comunes. En la persona enferma pueden aparecer síntomas depresivos y en él cuidador puede aparecer el “síndrome del cuidador”. Lo que ocurre es que la pareja vive un duelo anticipado al enfrentarse a la enfermedad, teniendo que aprender a convivir con ella y ajustando la relación dentro de un nuevo encuadre familiar.

Finalmente, encontramos también procesos de separación y divorcio. En esta situación pueden florecer sentimientos de fracaso, duelo por la pérdida de la relación y conflictos familiares si se tienen hijos, especialmente cuando la separación no se da por mutuo acuerdo.

 

¿EN QUÉ CONSISTE UNA TERAPIA DE PAREJA?

 

La terapia de pareja consiste en un tipo de intervención psicológica en la que el terapeuta trabaja con los miembros de la pareja en conjunto, aunque puntualmente pueda darse alguna sesión individual. En las sesiones el terapeuta enseña técnicas, procedimientos y estrategias para tratar las disfunciones o el malestar por el que la pareja haya decidido acudir a consulta. También pueden acudir parejas que no tengan dificultades y quieran mejorar y aprender herramientas para fortalecer la pareja.

Los objetivos que se suelen establecer en terapia de pareja son muy distintos entre sí. Por ejemplo, encontramos parejas que quieren conseguir una adaptación, aprendiendo a dar respuestas adecuadas y sanas cuando se dan momentos de crisis. También buscan poder integrarse al ambiente del otro sin perder el sentimiento de identidad propia. Otras parejas también pueden buscar mejoras en la convivencia ya que a pesar del amor y la complicidad pueden mostrar diferencias en los valores del hogar. Junto con ello a veces se busca, no solo en la convivencia, sino también en otros niveles, establecer puntos de alianza, es decir, buscar un espacio donde puedan establecer acuerdos de una manera apropiada, especialmente cuando otras veces que lo han intentado han fracasado.

Otro objetivo frecuente suele ser el poder alcanzar una comunicación adecuada. Lo que ocurre es que normalmente llegan a consulta con una comunicación viciada o con falta de ella. Por ello es importante ver cómo la pareja se comunica y dotarles de herramientas para que sea eficiente.

 

En Psicólogo Algorta contamos con psicólogos especializados en terapia de pareja que pueden ayudarte.

 

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