Terapia familiar
psicologo familiar en algorta

TERAPIA DE FAMILIA

¿QUÉ ES LA TERAPIA DE FAMILIA?

            La terapia de familia es una modalidad de la psicoterapia que entiende a la familia como un sistema dinámico en el que cada miembro influye en los demás y en el funcionamiento del grupo. No entiende a cada miembro como un individuo aislado. Este enfoque sistémico asume que los problemas que manifiesta un miembro pueden interpretarse como expresiones de desequilibrio en las relaciones interpersonales y en los patrones de comportamiento o de roles del sistema familiar. En la práctica no se busca cambiar al “miembro problemático”, sino en ver cómo se dan las interacciones familiares y las dinámicas que sostienen estos conflictos o patrones disfuncionales de manera que se puede intervenir en esas dinámicas y promover formas de relación familiar más saludables.

            El terapeuta suele actuar como un facilitador que ayuda a que cada miembro exprese su vivencia, su perspectiva y se sienta escuchado y comprendido. Pueden llevarse a cabo sesiones individuales o con la familia completa según lo que requiera el proceso terapéutico en cada momento.

            Además, la terapia familiar no solo se limita al vínculo entre padres e hijos, sino que también se puede llevar a abuelos, tíos, hermanos… pudiendo adaptarse a las peculiaridades de cada cultura, de cada estructura familiar y a crisis específicas que la familia esté viviendo en ese momento. La terapia de familia busca restablecer el equilibrio entre las relaciones familiares, mejorar la comunicación, redefinir límites saludables para cada miembro, reestructurar posibles roles disfuncionales que se den en la dinámica, facilitar la resolución de conflictos cuando aparezcan y fortalecer la capacidad de todos los miembros y del sistema a posibles cambios o crisis familiares.

¿CUÁLES SON LOS PROBLEMAS MÁS HABITUALES EN UNA FAMILIA?

            En el entorno familiar son múltiples los desafíos que se pueden enfrentar. Uno de los más comunes es la falta de comunicación efectiva, ya que en ocasiones los miembros no se escuchan, se hablan mediante reproches o respuestas agresivas, no expresan emociones tal como las sienten o evitan hablar de lo que les duele o necesitan. Este tipo de comunicación disfuncional suele generar malentendidos, resentimientos y falta de conexión emocional entre los miembros. Otro conflicto que se da con frecuencia tiene que ver con los roles y los límites. En ocasiones ocurre que los padres son demasiado autoritarios o excesivamente permisivos llevando a que los hijos asuman responsabilidades que no les corresponden, límites difusos entre padres e hijos e incluso sus grupos dentro de la familia que se “alían” en contra de otros miembros. Esto puede generar tensiones debido a la ambigüedad de la estructura familiar.

            Otro problema que suele desestabilizar las familias tiene que ver con las crisis del ciclo vital ya sea un nacimiento de otro hijo, una separación o divorcio, la pérdida o incorporación de nuevos miembros a la familia… estas situaciones requieren ajustes y pueden revelar y agravar problemas anteriores en la estructura familiar.

            Otro motivo habitual de consulta suelen ser los problemas de conducta o trastorno psicológico de uno de los miembros. Por ejemplo que uno de los hijos tenga problemas conductuales en el colegio y en casa esto genere problemas en la dinámica familiar.

            En algunas familias también podemos encontrar tensiones económicas y problemas laborales. Junto con ello, suele aparecer desigualdad en la carga de las labores del hogar o incluso resentimiento por expectativas que no se han cumplido.

            Respeto a los hijos, en ocasiones, aparecen padres que muestran un estilo disciplinario conflictivo: padres que gritan, imponen castigos o culpan a los hijos de lo que les ocurre. Estas situaciones generan en los hijos y en el hogar miedo, resentimiento, rebeldía o retraimiento, llevando a un ciclo negativo de reacciones emocionales dentro del hogar. En esta misma línea suelen aparecer dificultades de liderazgo y toma de decisiones como por ejemplo conflictos sobre quién manda más en casa, discrepancias entre los padres que son percibidas por los hijos o incluso decisiones importantes no consensuadas.

            Cuando estos patrones se arraigan mucho en la dinámica familiar pueden quedarse estancados en disfunciones y perpetuando dinámicas de conflicto crónicas.

¿CÓMO SE SI NECESITAMOS TERAPIA DE FAMILIA?

            A menudo ocurre que los miembros de la familia, al estar inmersos en una rutina de conflicto, normalizan las actitudes. Sin embargo, hay señales y situaciones que indican que una familia debería acudir a terapia familiar.

            Si los conflictos se repiten con frecuencia, no se resuelven y empeoran con el tiempo, además, si las discusiones se ponen muy intensas, adquieren un carácter muy emocional o se hacen a través de reproches que reviven heridas antiguas es muy probable que la familia se encuentre atrapada en patrones que requieren de ayuda externa. Además, cuando un miembro de la familia presenta un trastorno psicológico que afecta a la convivencia, la terapia familiar puede contribuir enormemente a no empeorar y agravar la situación del familiar.

            Si la comunicación en el entorno familiar es escasa, rígida e incluso inexistente, o cuando los miembros de la familia no dicen lo que piensan por el temor a expresar sus emociones o necesidades y que sean invalidadas, la terapia familiar puede ayudar a encontrar canales seguros de expresión y de entendimiento, ayudando a abandonar la comunicación inefectiva. Además, si los miembros están aislados unos de otros, la terapia puede ayudar a reconectar los vínculos y volver a construir un sentido de unidad familiar.

            Cuando se están dando crisis vitales e importantes puede que la familia no cuente con los recursos adecuados para adaptarse por sí sola y en esos momentos la terapia familiar puede facilitar la transición, dando las herramientas necesarias según la crisis qué ocurra. También, si cuando los hijos crecen manifiestan síntomas persistentes de problemas de conducta o rebeldía que no mejoran con la intervención individual y que parecen agravar el sistema familiar, es beneficioso acudir a la terapia familiar para trabajar conjuntamente causas interpersonales que estén sosteniendo este problema.

            Muchas familias acuden a terapia cuando la tensión se encuentra en unos niveles muy altos y se sienten atrapadas, sin poder ponerle solución. En estos casos la terapia funciona como un espacio neutral en el que el profesional guía de manera que todas las voces de la familia puedan ser escuchadas para poder llevar a cabo una buena reorganización de las relaciones y donde se pueda generar un plan de cambio conjunto y acorde con los valores de todos los miembros.

            En Psicólogo Algorta, contamos con psicólogos especializados en terapia familiar que pueden ayudarte.

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