Te acuestas y repasas una conversación. Después aparece una tarea de mañana, un asunto de dinero, algo que quizá salga mal. Llevas un rato pensando, pero no tienes más claro qué hacer. Si te pasa a menudo, no necesitas otra persona que te diga que dejes de preocuparte. Necesitas encontrar una manera de salir de ese bucle.
Hay pensamientos que ayudan: recordar una cita, preparar una conversación o decidir a quién pedir información. Otros vuelven una y otra vez al mismo punto. La diferencia no está solo en cuánto piensas, sino en si ese rato te lleva a una decisión o te deja dando vueltas a las mismas preguntas.
Preguntarte «¿hay algo concreto que pueda hacer?» puede servir para distinguir ambas cosas. No se trata de quitar importancia a lo que te preocupa, sino de ver qué parte está hoy en tus manos.
Elige una, no todas a la vez. Escríbela con palabras sencillas: «me preocupa no llegar a la entrega del viernes» es más fácil de abordar que «todo va a salir mal». Debajo, apunta un paso pequeño y posible: avisar de un retraso, pedir ayuda o reservar media hora para empezar.
Si no puedes actuar ahora, anota cuándo vas a retomarlo. Y si lo que aparece es un «¿y si…?» que no puedes comprobar ni resolver hoy, reconocer ese límite también cuenta. Seguir repasándolo no siempre aporta información nueva.
Puede sonar extraño, pero dedicar unos 10 o 15 minutos a revisar tus preocupaciones es una opción cuando estas invaden todo el día. Busca un momento tranquilo, mejor fuera de la cama. Repasa lo escrito y separa lo que necesita una acción de lo que no puedes controlar.
Cuando el pensamiento vuelva en otro momento, puedes recordarte: «lo tengo anotado y volveré a ello en ese rato». No es una orden de no pensar ni una prueba que tengas que superar. Si no te ayuda o te genera más malestar, no tienes que insistir.
Después de pensar en lo que puedes hacer, toca retomar algo que esté ocurriendo ahora: preparar la comida, salir a caminar o escuchar a alguien sin mirar el móvil. Fíjate en detalles concretos de esa actividad, como el agua en las manos o el apoyo de los pies al caminar.
Puede que la preocupación siga ahí. El objetivo no es borrarla a la fuerza, sino dejar de dedicarle toda tu atención. A veces podrás hacerlo con facilidad y otras te costará más.
Si las preocupaciones te quitan el sueño con frecuencia, dificultan concentrarte o te llevan a evitar planes y tareas, merece la pena consultar. No hace falta esperar a estar al límite ni ponerte una etiqueta por tu cuenta.
En la terapia para adultos en Algorta puedes trabajar estas dificultades con ayuda profesional. Si te frena no saber cómo es una consulta, puedes leer qué esperar de una primera sesión con un psicólogo. Estas ideas son orientativas y no sustituyen una valoración individual.
Puedes pedir una primera sesión gratuita en nuestra consulta de Calle Bidezabal 9, Algorta. Llama al 640 388 373, escribe a psicologoalgorta@gmail.com o utiliza el formulario de contacto para contarnos qué necesitas.
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