¿QUÉ ES LA AUTOESTIMA?
La autoestima es un constructo psicológico que hace referencia a la valoración que hace y tiene una persona sobre sí misma. En este concepto son numerosas las dimensiones que influyen: la cognitiva, la emocional, la social y la conductual.
Lo cognitivo abarca las creencias que cada uno tiene sobre sus capacidades, defectos, logros y limitaciones. Desde lo afectivo, se integran los sentimientos que acompañan esas creencias como vergüenza, aceptación, culpa… Cabe destacar que la autoestima se enmarca en el contexto sociocultural de la persona. En este contexto las experiencias tempranas con las figuras de apego, la cultura, la interacción con los padres, el colegio, etc. funcionan como moldeadores de la autoestima, es decir, de la percepción que tiene uno mismo sobre sí. La autoestima es algo que se desarrolla a lo largo del ciclo vital, se va construyendo a través de experiencias, éxitos, fracasos, afectos recibidos, comparaciones con otros… por lo que está en continua construcción y es susceptible a cambios a lo largo del tiempo.
La autoestima puede ser una actitud positiva o negativa hacia uno mismo e implica no solo la evaluación que se hace de los rasgos propios sino también afecto por ellos, es decir, como se siente cada uno con estos rasgos. La autoestima no suele ser algo global sino que solemos percibir de manera más o menos favorable ciertos ámbitos como lo físico, lo social…
¿CÓMO SÉ SI TENGO UNA BAJA AUTOESTIMA?
Personas que experimentan baja autoestima suelen mostrar un patrón persistente de autocrítica con pensamientos recurrentes sobre lo insuficientes que son o todo lo que deberían haber hecho mejor, entre otras cosas. En ocasiones estos pensamientos negativos se acompañan de dificultades para aceptar cumplidos o valoraciones positivas por parte de otros, ya que se tiende a rechazarlos o minimizarlos. Esta actitud frente a uno mismo suele combinarse con alto miedo al fracaso, lo que lleva en ocasiones a evitar situaciones o desafíos nuevos, evitar responsabilidades o decisiones por un miedo constante a equivocarse o sentirse expuesto al juicio de los demás.
También suelen presentar un sentimiento de inseguridad continúa con grandes dudas acerca de las capacidades propias ante situaciones que podrían resumirse con más naturalidad. A veces las relaciones personales también se ven afectadas ya que la persona tiende a necesitar aprobación externa, buscando constante validación y provocándole mayor vulnerabilidad al rechazo, a sentirse herido ante las críticas o a retraerse socialmente por temor a no encajar. Junto con ello, pueden aparecer sentimientos de soledad que pueden llegar a provocar otras dificultades como problemas de concentración, baja motivación, sentimientos de inutilidad…
-¿CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS DE UNA BAJA AUTOESTIMA?
Si la autoestima se mantiene baja durante un período prolongado de tiempo puede repercutir de forma negativa en muchas dimensiones de la vida del individuo. Por ejemplo, en lo emocional, la baja autoestima puede causar aparición de síntomas depresivos, así como tristeza o apatía. También podemos encontrar síntomas ansiosos, especialmente de ansiedad social por el miedo al juicio o al rechazo de los otros. Quienes tienen autoestima baja presentan gran temor a este tipo de situaciones ya que perciben estas situaciones como evaluativas.
En cuanto a las relaciones puede ocurrir que la persona evite tener momentos de intimidad y mostrarse distante o por el contrario, puede volverse complaciente tratando de ganar aprobación constante de otras personas. Esto puede generar desequilibrios en las relaciones, conflictos y resentimientos que deriven en una peor calidad de la vida social. Puedo acabar también en aislamiento, de manera voluntaria o por temor a ser juzgado.
En la parte más conductual, se reduce el rendimiento personal ya que se tiende a no aprovechar oportunidades, no asumir nuevos retos o no poner en marcha proyectos y metas que podrían ser deseables para la persona. Respecto a lo físico, suele ocurrir una menor atención al autocuidado ya que al no sentirse valioso se tiende a descuidar su alimentación, el ejercicio, el descanso o la higiene. En algún caso grave estos descuidos pueden conllevar problemas graves de salud general ya que el estrés crónico y la carga emocional negativa pueden favorecer la aparición de enfermedades psicosomáticas, como problemas de sueño.
Finalmente, el bienestar general de la persona se ve afectado ya que la satisfacción con la propia vida disminuye, llevando también a una disminución en la capacidad de resiliencia qué puede derivar en muchos otros problemas psicológicos como problemas con la imagen corporal o dependencia emocional.
TERAPIA PARA MEJORAR LA AUTOESTIMA
Para mejorar la autoestima uno de los enfoques con mayor evidencia es la terapia cognitivo conductual. Desde esta perspectiva se trabaja con la identificación de pensamientos automáticos negativos, la identificación de creencias disfuncionales sobre uno mismo, y la sustitución de estas creencias por interpretaciones que sean más adaptativas, equilibradas y realistas. También se incluyen técnicas de reestructuración cognitiva, autoafirmaciones, confrontación de situaciones temidas y tareas que permitan experimentar logros reales para reforzar el sentido de competencia.
También existen otros enfoques que se basan en la aceptación personal y en los valores propios de manera que ayudan a la persona a desarrollarse con una actitud menos crítica y más amable consigo misma. Trabajando en la autocompasión se pueden reconocer los errores y fracasos como una parte de la experiencia humana en lugar de reconocerlos como fallos personales o fracaso favoreciendo así una reconstrucción del diálogo interno hacia uno más saludable y adaptativo.
La psicoeducación también cumple un papel relevante en terapia. Esta, trata de comprender cómo se forma la autoestima, qué factores externos y personales la moldean, reforzándola o debilitándola, ayuda también a reconocer pensamientos negativos y distorsiones cognitivas y ayuda a llevar a cabo hábitos de vida que favorezcan la autoimagen positiva. En ocasiones, estos programas incluyen componentes de entrenamiento en habilidades sociales o asertividad ya que, al aprender a expresar necesidades, poner límites y relacionarse de manera sana, se refuerza la autoeficacia, la competencia y se refuerza el sentido de valor personal. Las mejoras en la autoestima se ven consolidadas cuando la persona practica lo aprendido, afronta retos gradualmente y cuida su entorno social mediante el mantenimiento de relaciones que respetan su dignidad y aportan apoyo emocional.
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