¿QUÉ ES LA ANSIEDAD?
La ansiedad es una emoción transitoria que se siente ante diversos eventos cuando la persona se siente amenazada por un peligro. A pesar de ser un mecanismo de supervivencia, puede volverse patológica cuando aparece ante estímulos que deberían resultar insignificantes con una intensidad exagerada o si la emoción persiste demasiado en el tiempo. La ansiedad se compone por: la experiencia subjetiva, los cambios fisiológicos y la conducta.
La experiencia subjetiva se refiere a los pensamientos de preocupación debidos a la anticipación de un peligro incierto. Siendo la incertidumbre de si ocurrirá el peligro un factor diferencial de la ansiedad frente al resto de emociones. Los cambios fisiológicos suponen el incremento de la actividad del sistema nervioso, dando lugar a síntomas como sudoración, aceleración de la respiración, tensión muscular… Finalmente, la conducta, se refiere a las respuestas, que pueden ser expresiones o gestos faciales, como morderse los labios; respuestas musculoesqueléticas, como temblores; y verbales, como tartamudeo. También existen respuestas indirectas que suponen llevar a cabo conductas de escape o evitación de la situación ansiógena.
TIPOS DE TRASTORNOS DE ANSIEDAD
El DSM-V clasifica los trastornos de ansiedad de la siguiente manera, según el tipo de objetos o situaciones que induzcan la ansiedad:
Los síntomas de la ansiedad varían según el tipo, aunque algunos son comunes, como, por ejemplo: nerviosismo, agitación, tensión, aumento del ritmo cardíaco, respiración acelerada, sudores, temblores, problemas de concentración, problemas de sueño, etc.
En el trastorno de ansiedad por separación aparecen miedo y ansiedad intensos de manera relativa y persistente por tener que separarse de una persona con la que se tiene un gran apego. Se manifiesta por alta preocupación malestar subjetivo y rechazo a quedarse solo o desplazarse a lugares en los que no se encuentra esta persona además de apariencia de pesadillas o síntomas físicos.
Respecto al mutismo selectivo los síntomas más comunes son excesiva timidez, miedo a ser humillado socialmente, aislamiento y retraimiento social, negativismo rasgos convulsivos e incluso controladores.
En el trastorno específico aparecen miedo o ansiedad intensa y persistente de manera inmediata a la aparición de un objeto o situación específica que se evita o se da una gran sensación de miedo intenso. Ocurre que la respuesta fisiológica tiene una gran activación llegando en ocasiones como en la fobia específica a la sangre-inyecciones-heridas a desmayos o mareos.
Respecto a la ansiedad social, la persona teme actuar de manera que pueda ser evaluada negativamente por otros, lo que les lleva a evitar situaciones sociales o a soportarlas con un intenso malestar.
En el trastorno de pánico ocurren ataques recurrentes e inesperados con distintos síntomas físicos y cognitivos: palpitaciones sudoración y temblores, sensación de falta de aire o asfixia, dolor torácico, mareo e incluso desmayo y escalofríos o sofocos.
En la agorafobia existe un miedo o ansiedad intensa en el uso del transporte público, estando en espacios abiertos como plazas y parques, estando en espacios cerrados como tiendas, encontrarse entre una multitud o encontrarse solo fuera de casa. Además, también existe temor a no poder escapar o no tener ayuda en caso de que hubiera un ataque de pánico u otros síntomas incapacitantes.
El trastorno de ansiedad generalizada afecta a varias áreas como: el trabajo, los estudios, las relaciones, el entorno familiar. Etc. Esta se caracteriza por fatigabilidad, dificultad para concentrarse, quedarse en blanco habitualmente, irritabilidad, tensión muscular, inquietud y alteraciones del sueño.
En el trastorno de ansiedad inducido por sustancias o medicamentos los síntomas se inician durante o poco después de la intoxicación, la abstinencia o el uso del medicamento. Los síntomas más comunes suelen ser inquietud, agitación psicomotora, palpitaciones, sudoraciones, temblores, entre otros
En el trastorno de ansiedad debido a otra afección médica los síntomas son similares a los trastornos de ansiedad primarios: palpitaciones, dificultad para respirar, temblores, preocupación constante… por lo que es necesario demostrar que la causa es una condición médica subyacente.
TRATAMIENTO DE LA ANSIEDAD
El tratamiento de elección para los distintos trastornos de ansiedad suele ser la terapia cognitivo conductual. Esta terapia ES eficaz a corto plazo para enseñar habilidades específicas que ayudan a controlar la ansiedad y llevar a cabo gradualmente actividades evitadas.
Dentro de la terapia cognitivo conductual encontramos distintas técnicas, como por ejemplo la exposición. En la exposición el paciente se enfrenta de forma gradual a las situaciones que teme, aprendiendo a manejarlas sin tener que evitarlas ni sentir ansiedad. Hoy en día también es posible llevarla a cabo a través de realidad virtual. También encontramos la exposición con prevención de respuesta que puede realizarse de manera gradual o brusca, llamada inundación, tanto in vivo como en imaginación, siendo esta última conveniente cuando la ansiedad es muy elevada. Para llevar a cabo esta técnica la persona debe de realizar una lista de los estímulos que le generan miedo y señala el grado de ansiedad que le provocan de manera que se jerarquicen los estímulos para pautar la exposición.
Por otro lado, encontramos la desensibilización sistemática que combina relajación con progresiva exposición según la jerarquía de miedos elaborada por la persona. Con este método se busca que se dé una inhibición recíproca de manera que las respuestas se inhiben por resultar incompatibles, como, por ejemplo, la relajación con la activación psicofisiológica.
La exposición interoceptiva es un tipo de exposición que resulta muy eficaz ante la presencia de ataques de pánico o sintomatología fisiológica intensa. En ella se inducen de manera controlada las sensaciones corporales que provocan miedo, evitando la huida. Con ello se trata de aumentar la percepción de autocontrol y autoeficacia.
También existen terapias de tercera generación como la terapia de aceptación y compromiso (ACT) que busca la aceptación de pensamientos y emociones difíciles y el compromiso con acciones que estén alineadas con los valores personales. Esta técnica no se enfoca tanto en cambiar los pensamientos sino en ampliar la flexibilidad psicológica. Entre las terapias de tercera generación encontramos también el mindfulness (atención plena) qué trata de enfocar la atención en el momento presente sin juzgar las emociones ansiosas, tratando de romper el ciclo de preocupación, promoviendo la aceptación y la calma.
En Psicólogos Algorta estamos especializados en estas y otras técnicas para que puedas deshacerte de una vez por todo de esos síntomas tan desagradables.
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